La comunicación no es un “acto democrático”, fluye de arriba hacia abajo, del poder a la gente. Y aunque parezca que la pasividad es tanto el medio como el fin de la comunicación, no es cierto.
No
se trata solamente del poder expansivo de los medios (lo que no sale en ellos
no existe) sino que ya generan sus propias noticias. Esta “sociedad
del espectáculo” pone en escena una parodia de la participación,
de la “lucha”. Las manifestaciones y actos masivos no son expresiones
de la libre voluntad de los individuos, ni de su conciencia autónoma,
sino que reflejan la manipulación y la ingeniería social de los
medios de comunicación. Es
la versión seria de la “telebasura”, que también ha
terminado por generar la noticia con sus propios personajes.
Son los propios medios los que dictan lo “políticamente correcto” y dirigen la génesis y el cauce de expresión de la reacción sentimental (indignación, ira, compasión) y política (libertad, justicia, igualdad), enfocadas hacia fines egoístas o partidistas, siempre ocultos y siempre negados públicamente.
Esta actitud no sólo es mercenaria de un poder determinado, político o económico, sino que sirve para legitimar a esos medios como portavoces de supuestas opiniones populares y del consenso social que, en realidad, son inoculados a la sociedad previamente.
De manera que los medios difunden actitudes que crean un consenso social en sustitución del abandono de este campo (social, psicológico y cultural) por parte del Estado. Su situación no es, por lo tanto, subordinada sino dominante.
Este proceso se lleva a cabo a través de lo que el psicoanalista C.G. Jung llamaba arquetipos, por los que las situaciones crean actitudes-tipo que quedan almacenadas en el inconsciente colectivo como modelos simbólicos, y que al repetirse la situación afloran y quedan disponibles en los individuos.
Es posible manipular el predominio de un arquetipo en una situación dada (ira o compasión; por ejemplo:Un falangista que participó en Barcelona en la rebelión del 18 de julio de 1936 contó que, cuando estaba a punto de ser linchado por milicianos, una anciana de aspecto marginal, le salvó diciendo: “Pobrecitos, los han traído engañados”. Eso bastó para que cesara la actitud agresiva, le recogieran y le llevaran a un hospital.).
El “No a la guerra” o el “Mentirosos” surge de esa manipulación por parte de los medios, es la llamada “guerra psicológica”, puro marketing político, ahora masivo e inyectado en vena bajo mano por los medios de comunicación y sus tácticas.
Pero lo peor es su ocupación del área mediática de los sectores políticos en pugna. Es el caso evidente de Prisa-“El País”-Canal Plus-SER-Tele-5, o del ABC-La Razón. Son estos medios los que generan las campañas en sustitución de la poca receptividad y el hermetismo del ámbito político.
Un
caso paradigmático es Tele-5, que a pesar de ser de Berlusconi, líder
la derecha italiana, ha tenido una actitud de feroz oposición al gobierno
Aznar, manipulando a la población a través de sus numerosos programas
de “telebasura” (“Hotel Glam”, “Crónicas
Marcianas”, “Aquí hay tomate”), introduciendo
en ellos consignas y críticas políticas muy tendenciosas y burdas.
No es casualidad
que esta campaña haya arreciado con la escalada del chantaje nacionalista
vasco-catalán, y que estos programas se realicen en los estudios de la
cadena en... Barcelona.
No hace falta explicar tampoco la manipulación y el adoctrinamiento político
que, permanentemente, realizan la TV, periódicos y radios de los nacionalistas,
sean de CyU-PNV o HB-ERC.
El protagonismo de la SER en el desenlace del 11 y 14-M es sabido por todos, y tampoco podía esperarse nada distinto del resto de los medios del “progresismo” oficial y sus numerosos intelectuales y artistas orgánicos.
La derecha también ha tenido su parte de culpa, por admitir y alentar siempre el regionalismo tradicionalista, residuo del Antiguo Régimen y germen de los nacionalismos, en lugar de desarrollar efectivamente la moderna conciencia nacional forjada en 1808 sobre todo.
La extrema-derecha es dogmática y extranjerizante en su ideología, como la extrema-izquierda.
Lo peligroso es la alianza de la antigua izquierda con los nacionalismos en el proceso de estos de asalto al Estado y la Nación españolas, como ya se dio durante la II República, con mayor dominio de la izquierda que hoy.
Este proceso sólo puede frenarse utilizando dos métodos. Diluyendo o eliminando el “Estado de las Autonomías”, ruinoso y permanentemente conflictivo en el plano político y económico (15 veces más funcionarios que el Estado en 1990, sueldos fabulosos de los gobiernos autonómicos...), y realizando una labor de conciencia nacional tanto cultural como política (la una lleva a la otra), de la que tanto la derecha como la izquierda han hecho dejación históricamente.
Evidentemente
esto hace necesario ilegalizar las opciones que pretenden crear territorios
separados e identidades diferenciadas (totalmente falsas e inventadas por ellos
y que se han enquistado en el seno de un sistema creado para serles favorable),
así como encauzar el clima político con alternativas viables y
prácticas y no manipuladoras y rapaces.
Se debe tener en cuenta algo más: que no basta con eliminar las organizaciones políticas y económicas que han hecho posible esta situación degradada, sino que la pequeña fracción que les apoya y la situación que les crea deben ser neutralizadas radicalmente. La envidia y el odio y su utilización política no tienen cabida en un medio estable.
Y además, que no existen los movimientos por sí mismos, sino que sectores intelectuales, intereses económicos y grupos sociales marginales, crean y expanden ideologías susceptibles de arrastrar sectores más amplios que buscan mejoras o privilegios.
Su aplastamiento no supone nada socialmente, siempre y cuando se les focalice como “el” problema a resolver.
Esta es la realidad política más allá de los dogmas. Y cuando decimos dogmas, nos referimos tanto a (todas) las ideologías como a las filosofías, que suponen condicionamientos en el análisis y la estrategia.