de Rebelión Digital
Antonio Pavón Leal
Febrero de 2011
En las rancias satrapías del sur se ha pasado sin solución de continuidad de los señoritos cortijeros a los señoritos del PSOE, de las familias de toda la vida a los clanes socialistas. Al parecer, en estas tierras no se puede vivir sin la sombra de un señorito proyectándose sobre la sociedad.
El señoritismo está tan arraigado que puede adquirir formas diferentes, más en consonancia con el espíritu de los tiempos, pero de ningún modo es posible desembarazarse de ese arquetipo incrustado en el inconsciente colectivo.
Antes se iba a pedir trabajo a los cortijos, ahora se sigue haciendo lo mismo pero adonde hay que dirigir los pasos es a la sede del partido socialista o a uno de los incontables ayuntamientos en manos de este partido. Incluso se quiere legalizar el empleo clientelar. El PSOE, desde que ganó sus primeras elecciones en Andalucía en 1982, se ha aplicado a crear empresas, a las que ha puesto el bonito nombre de Entes Instrumentales, en las que ha colocado entre 25.000 y 35.000 personas, saltándose a la torera los principios de igualdad, méritos y capacidad. De esta forma eludía también los controles prescriptivos sobre la gestión de los dineros públicos.
La libertad, la justicia y la objetividad han vuelto a caer de bruces en un régimen que, en tantos aspectos, recuerda al franquismo.
Estos señoritos de la última hornada son asimismo los intermediarios que, aparte de forrarse como hace cualquiera que se dedique a este tipo de negocios, nos ponen en contacto con las nuevas divinidades, en cuyos altares se realizan los necesarios sacrificios.
Los dioses actuales tienen curiosos nombre como multiculturalismo, ideología de género, ecofeminismo…, pero se diferencian poco de sus antecesores en cuanto al culto y obediencia debidos. Incluso son más implacables, pues se arropan en supuestas verdades científicas, de forma que cualquier crítica, disensión o cuestionamiento son pulverizados. Ellos sólo aceptan las genuflexiones y el servilismo.
Hoy, en las satrapías del sur, aparte de los cortijos tradicionales, existe otra superestructura cortijera, un macrocortijo o megacortijo, tan grande como la misma región.
En la manifestación contra el decretazo del sábado 22 de enero se gritaba: “Griñán, cariño, colócame al niño”, y también: “Pumba, pumba, pumba, el cortijo se derrumba”. Siendo realistas hay que admitir que no se viene abajo tan fácilmente un tinglado cuyos cimientos y contrafuertes han levantado y afianzado durante más de treinta años. Para que la situación cambie, hace falta algo más que corear jubilosas consignas en un acto que no retransmitieron ni comentaron los medios de comunicación oficiales.
En Andalucía la democracia ha hecho “plof”, como una rana en el fango. Al igual que en México o en Argentina rige aparentemente un sistema de alternancia, pero en la práctica hay un partido que detenta el poder “ab aeterno”.
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