Luís Companys
Luís
Companys Jover nació en 1882 en Tarrós, trasladándose muy
joven a Barcelona, donde estudió Derecho. Pronto se metió en la
actividad política, militando intermitentemente en la Asociación
Escolar Republicana, Solidaridad Catalana, Unión Federal Nacionalista
Republicana y en el Partido Republicano Reformista.
Se trata de una trayectoria zigzagueante pero que apunta ya en un sentido
típico de la época: el nacionalismo en alianza con una izquierda
en guerra con la monarquía.
En 1917 fue uno de los fundadores del Partido Republicano Catalán, que
sería el eje de ERC, siendo concejal por él. A partir de 1919,
ante el recrudecimiento del enfrentamiento entre los pistoleros de la anarquista
CNT y los del Sindicato Libre carlista, actúa como abogado de los primeros
junto a Francisco Layret.
En 1920 es elegido diputado por Sabadell, ya abiertamente en las filas de la
izquierda nacionalista (aliada de la española), en la que se había
hecho un nombre, sufriendo detenciones.
En 1921 constituye el sindicato campesino Unión de Arrendatarios de Cataluña,
dirigiendo su diario “La Tierra”. Intervino
asimismo en la fundación de ERC, que obtuvo una victoria en las elecciones
municipales del 12 de abril de 1931, por el apoyo de la abstencionista y anarquista
CNT.
Fue diputado a Cortes de la República, en el Parlamento local (que también
presidió), gobernador civil de Barcelona y ministro de Marina del gobierno
republicano presidido por Azaña.
A principios de enero de 1934 sucedió a Francisco Maciá como presidente
del gobierno autónomo catalán. Ambos toleraron los asesinatos
de la CNT como parte de su alianza para la insurrección con los partidos
republicanos y la izquierda.
EL propio presidente Azaña se quejaría y emplearía métodos
igual de radicales contra los sindicalistas. Al final el caos fue tal que, a
partir de 1934, la policía bajo su mando perseguía a la CNT-FAI
cerrándoles locales, prensa, y empleando métodos brutales, como
relata el comandante Pérez Salas, asesor militar de ERC.
Como
consecuencia de ello, en la insurrección del 34, los libertarios no le
siguieron en su proclamación de un Estado catalán separado de
España el día 6 de octubre, como respuesta por la entrada legal
de ministros de la CEDA en un gobierno presidido por Lerroux, aprovechando el
intento insurreccional de la izquierda.
Cortó las comunicaciones terrestres con Madrid, trató
de imponer la huelga general en Barcelona, y ocupó la ciudad con sus
milicias armadas, dirigidas por el fascista Dencás, ejecutado posteriormente
por la CNT. Intentó hacer creer al gobierno que sus medidas se dirigían
a impedir una subversión anarquista imaginaria (como lo del 11-M). Al
día siguiente, las noticias de estallidos revolucionarios en numerosas
provincias y en Madrid le decidieron a actuar, y por la tarde proclamó
la rebelión contra un imaginario golpe fascista en Madrid. Al fracasar
fue detenido, juzgado y condenado.
A pesar de disponer de miles de milicianos, del control sobre la Guardia de
Asalto y en parte de la Guardia Civil, y de infiltraciones en el Ejército,
contra una guarnición de sólo unos centenares de soldados, se
rindió en la madrugada, al mostrarse infructuosos los llamamientos
a la población para rebelarse y secesionarse.
Como consecuencia del asalto a la legalidad constitucional, hubo fuertes
presiones para abolir la autonomía y para ilegalizar los partidos subversivos,
pero el gobierno prefirió una actitud moderada. Los partidos no fueron
prohibidos, la autonomía fue solamente suspendida hasta que se normalizase
la situación, y sólo los periódicos oficiales de ERC fueron
pasajeramente clausurados, reapareciendo con otro nombre.
Estos periódicos, a través de una
campaña manipuladora y nacionalista, cambiaron la imagen de su líder
Companys de fracasado y traidor en mártir inocente y demócrata.
En el proceso, los abogados y encausados negaron su responsabilidad, afirmando
haberse unido a un proceso popular “espontáneo”
y defenderse de un asalto “anarquista”.
Afirmaron asimismo la “legitimidad” de la acción. Fue
el responsable directo del casi centenar de muertos de la jornada.
Azaña
decía que la “democracia expeditiva”
de Companys no era más que “despotismo
demagógico”. Companys
fue uno de los principales responsables de las algaradas y violaciones de la
ley en que degeneró la República.
Recuperó la presidencia de la Generalidad después de las elecciones
de febrero de 1936. Al estallar la guerra civil, en julio de 1936,
no consiguió evitar la hegemonía política de la CNT, por
lo que pactó con ellos hasta que, con la creciente influencia del PCE-PSUC,
se alió con estos y expulsó del poder a los anarquistas en las
jornadas de mayo de 1937. Después se enfrentaría a los comunistas.
Durante la guerra su gobierno mantuvo varios contactos
con los franquistas, por lo que varios miembros de él (doce) tuvieron
que exiliarse en Francia, mientras en Barcelona se tapaba el asunto.
Obstaculizó el esfuerzo de guerra republicano reteniendo intactas tropas
que no fueron utilizadas ni siquiera en la ofensiva de Cataluña, de lo
que se quejaron los presidentes republicanos, desde Azaña a Negrín,
así como por la exigencia de constantes prerrogativas políticas
(como ahora). Caso similar al de los nacionalistas vascos.
De ahí la queja “Los catalanes no hacen la guerra”
que, con toda justicia, se difundió por el bando republicano.
Los propios asesores rusos se quejarían
de la represión cultural nacionalista contra todo lo español,
especialmente el idioma, como ahora.
Intentó además ampliar su zona de influencia mediante el envío
de tropas a Mallorca y Aragón, y se apoderó de iniciativas correspondientes
al gobierno nacional, pretendiendo luego cobrar estos “servicios
prestados al Estado”.
Tampoco hizo mucho por impedir los desmanes de sus aliados, ya fueran anarquistas,
comunistas o republicanos de izquierda. Ni las expropiaciones en la industria,
con la consiguiente caída de la producción desde 1937, ni el cierre
y saqueo de iglesias.
Fusilado en Montjuic el 15 de octubre de 1940 por sentencia del Consejo de Guerra
tras ser capturado por los alemanes en Francia. Su
muerte está rodeada de elementos míticos falsos difundidos por
los nacionalistas catalanes.