Ernest Hemingway
Ernest
Hemingway nació en Oak Park, un suburbio de Chicago, el 21 de julio de
1899, hijo de un médico (Edmund Hemingway) y de Grace, una mujer inteligente,
incansable lectora, pintora, diseñadora, cantante e instrumentista dotada.
Ambos progenitores estaban dotados de una sólida formación y profundas inquietudes intelectuales y religiosas que constituyeron el núcleo de la vida familiar, inclinaciones a las que hay que añadir la afición del padre por la naturaleza, la vida al aire libre, los deportes, la caza, la pesca y los recorridos por los bosques.
Este entorno define el tipo de educación y los valores que intentaron inculcar en sus hijos.
Con
el padre, dedicado a la obstetricia y que quería que también fuese
médico, tuvo relaciones conflictivas debido a su carácter, y su
madre se empeñó en aficionarlo a la música. Ambos progenitores
habían visto sus expectativas personales frustradas por su matrimonio.
El padre deseó ir a ejercer a Asia, y su madre soñaba con ser
contralto.
Tuvo cinco hermanos, y mantuvo un intenso contacto con la Naturaleza en la finca del lago Wallons, donde, por influencia de su padre, llevó una vida bohemia en los bosques siempre que pudo, a lo largo de su vida. Por otra parte, su madre, deseaba de él que fuese un protestante ejemplar: no fumador, no bebedor, casto antes del matrimonio y fiel en él, y que honrara a sus padres.
El resultado fue justo lo opuesto. Hemingway odió profundamente todo aquello que se deseaba para él, particularmente toda idea religiosa, encarnado por su madre, y en consecuencia su odio hacia ella alcanzó una dimensión descomunal.
El
contexto en el que se desarrollaron esos años decisivos era de una marcada
hostilidad entre las elites intelectuales a la cultura europea heredada, y de
un fuerte anhelo por desarrollar una cultura americana, propia, verdaderamente
nacional, universal y democrática. La joven nación buscaba afanosamente
su mejora moral, intelectual, y económica. Se soñaba con crear
una nueva civilización. Emerson fue el referente básico en todo
ese movimiento. Con este telón de fondo aparece Hemingway, con las características
de un intelectual, pero frecuentemente difícil de reconocer como tal
(a veces suele referirse a él como un "intelectual
de la acción"). Pero sin niguna duda resultó
un escritor de profunda originalidad que, tanto en su literatura como en su
propia vida, combinó numerosas actitudes consideradas "típicamente
americanas", lo que ha llevado a considerarle frecuentemente
como un arquetipo. El hecho innegable es que desarrolló
una brillante literatura (al menos en su primera época, si bien, rápidamente,
su calidad literaria decayó profundamente), renovador e innovador de
la narración y del lenguaje, su influencia, notable en vida, se ha perpetuado
indeleblemente más allá de su muerte. Como escritor, no
puede ser ignorado. Como personaje es deleznable.
En
1917 desecha ingresar en la Universidad y consigue trabajo como periodista.
Cuando los EEUU intervienen en la I Guerra Mundial quiere alistarse, siendo rechazado por miope, sirviendo entonces en la Cruz Roja como conductor de ambulancias en el frente italiano y resultando herido.
Allí conoce a Agnes, una enfermera ocho años mayor que él, con la que vive un romance, roto por ella. Este relato es la base de su obra “Adiós a las armas”, escrita en 1929. En 1919 regresa y se casa con Hadley, también ocho años mayor y parecida a Agnes, antigua amiga de la infancia. Después fue corresponsal del “Toronto Star” hasta que se fue a vivir a París como corresponsal extrangero.
En
París empezó a forjar su reconocida fama como escritor ("el
mayor estilista, en prosa, del mundo" según Ezra Pound)
y su enorme capacidad de autopromoción; a tal efecto supo crear
la adecuada imagen de sí mismo, cliché que mantuvo, con éxito,
hasta el final de su vida. Creó su propia leyenda, elaborada gradualmente
con exageraciones primero y falsedades después. Junto a su calidad
literaria hay que considerar su innegable y constante condición de embustero.
Mentía constantemente tanto en sus conversaciones y declaraciones como
en los hechos de sus novelas. Son notables sus mentiras relativas a su participación
en la I Guerra Mundial en Italia, y también con ocasión de su
presencia en la Guerra Civil española, como periodista, falsificando
a su antojo, y sin medida, todos los acontecimientos que describió (el
frente de Teruel, etc...).
El escenario de sus mentiras no se limita a los hechos sinó también a sus convicciones políticas, pese a sus poses y apoyos aparentes al PS y al PC. Su única lealtad constatada fue consigo mismo.
En
los años de París, desarrolló su propio conjunto de principios
básicos de la escritura: brevedad, economía, simplicidad, uso
de verbos fuertes, frases cortas, evitar el didactismo, y huir de la "decoración".
En
1924 había publicado su primera novela, “En
nuestro tiempo”, y en París publicó, en 1926,
“Los torrentes de primavera”,
gracias al apoyo de Sherwood Anderson y Gertrude Stein, a los que satiriza en
esa novela, lo que le granjeó su enemistad.
En ese mismo año visitó España, escribiendo “Fiesta”,
también autobiográfica. Viajó con Pauline, amiga de su
esposa, con la que tuvo una aventura que terminó con su matrimonio. Aquella
había tenido que quedarse en París con Patrick, su hijo nacido
en 1928, enfermo. Se casó con Pauline y se trasladaron a EEUU, a Cayo
Hueso, donde compraron una casa y un barco, con el dinero de ella. Con motivo
de este su segundo matrimonio, se vio en la necesidad de "convertirse"
vehementemente al Catolicismo; una mentira más, pura apariencia.
En sus escritos expresó contundentemente su acentuado odio por esa fe,
corroborado por el hecho de que jamás expresó la mínima
protesta ante el asesinato brutal de miles de sacerdotes y religiosos al inicio
de la Guerra Civil en España.
Hemingway era un hombre de contextura fuerte, hábil, y dotado para las actividades físicas y deportivas, prácticamente abocado a la "acción" y fascinado por la violencia. La acción era "su tema" y se refleja constantemente en sus novelas. Se entregó a sus pasiones por la caza y la pesca, y en una de esas expediciones a Cuba conoció a una amiga de Pauline, Jane, casada y alcohólica como él, y se convirtió en su amante. Relataría esta relación en su obra “La corta y feliz vida de Francis Macomber”.
Pero sería Martha, a quien conoce en Madrid, quien rompería su matrimonio y se convertirá en su siguiente esposa, residiendo en La Habana. Debido a su carácter depresivo, melancólico y rencoroso, que le llevaba al maltrato, a la inseguridad y la crueldad, Martha le abandonó, siendo sustituida por Mary, corresponsal en Londres, cuya humillación la llevará a aceptar a otras mujeres en la casa, desde condesas a prostitutas, que quedarán reflejadas en sus novelas.
En 1933 visitaría África, donde tuvo dos accidentes aéreos, y de donde sacaría los datos para “Las verdes colinas de África”, 1935, y la póstuma “Al romper el alba”.
Su
impostura y sectarismo resulta evidente en el episodio del asesinato de José
Robles, traductor del escritor John Dos Passos, amigo
de Hemingway, y de la precipitada huida de este ante las amenazas de su “amigo”
Ernest por enfrentarse al poder de los servicios secretos soviéticos
en la España republicana, ejecutores de Robles por disidente.
En una de sus grandes veleidades, para él todo era un juego, con motivo de la Guerra Civil española, se entregó al agitprop al servicio del PC, al que definió como "el único legitimado para enfrentarse al fascismo" constituido por "la mejor gente de esta guerra", y esa fue la línea que aparentó mantener durante toda la guerra (se había trasladado a España para realizar un film propagandístico "Spain in flames" con Dos Passos, Lilian Hallman y Archibald McLeish), pero como él mismo dijo "Mis simpatías están siempre con los trabajadores de la tierra explotados por los propietarios absentistas, aunque suelo emborracharme e ir al tiro al pichón con ellos". Apoyó incondicionalmente la línea impuesta por la Unión Soviética, y muy especialmente la feroz conducta del PC en la sanguinaria trayectoria de la política interna en la España "Republicana".
Este sectarismo fanático propició la ruptura con Dos Passos, materializada con motivo del ya citado asesinato de José Robles Pazos (profesor en EEUU, ex decano de la Universidad John Hopkins, que estando de vacaciones en España al estallar la Guerra Civil, y movido por sus convicciones, se puso al servicio de la República).
John Dos Passos, escritor izquierdista norteamericano viejo conocedor de España desde hacía veinte años, regresó para filmar un documental de apoyo a la causa republicana basada en el guión del holandés Ivens, “Tierra española”, en la que embarcó a su amigo Hemingway, y fue informado por Coco, hijo de Robles y que trabaja en la Oficina de Prensa Extranjera, del destino de su padre

Robles
fue amigo de Andrés Nin, dirigente del POUM, e intérprete
del general Jan Antonovic Berzín -jefe de la misión
militar soviética en España-, también fue nombrado traductor
del Ministerio de la Guerra en Valencia, intérprete de Vladimir
Gorev -consejero militar soviético- y, por lo tanto, conocedor
de todos los detalles confidenciales relativos a las negociaciones de Moscú
con el Ministerio de Defensa en Madrid. Tanto Berzín
como Gorev fueron posteriormente purgados por Stalin y asesinados,
al tiempo que sentenciaba la liquidación del POUM (Nin
fue torturado hasta la muerte, así como cientos de otros miembros del
POUM, arrestados y asesinados acusados de "actividades
fascistas") y lanzaba un violento ataque a la CNT. En ese contexto
de terror desatado, a todas luces visible, se consideró conveniente,
dadas sus conexiones e informaciones con las que estaba en contacto por su trabajo,
acusar a Robles de espía y liquidarlo discretamente.
En diciembre de 1936 Robles desaparece y es fusilado.
Dos Passos, que como muchos otros, ya se daba cuenta de la realidad de la "República", empezó a manifestar su desencanto e incluso desafecto por el régimen del Frente Popular e intuyó la suerte de su amigo Robles, cuyo destino trató de averiguar. Entre tanto, Hemingway, que se alojaba en el Hotel Gaylord's de Madrid, guarida de los jerifaltes del PC, a través de Pepe Quintanilla (responsable de gran parte de los asesinatos del PC) conoció el destino de Robles pero sin dudarlo aceptó, y defendió, la versión oficial de que estaba vivo, bajo arresto, en espera de juicio formal.
Hemingway
conocía perfectamente la realidad, corroborada por otros conductos menos
"cuidadosos", y la ocultó a Dos Passos, afirmando
que sin ninguna duda, Robles, era culpable de los cargos por
los que estaba "arrestado".
Dos Passos nunca creyó esa versión y acusó públicamente
al PC del asesinato de Robles. La reacción de Hemingway fue violéntisima:
Hemingway le advirtió que no podía volverse contra “la República”
y que si relatase lo ocurrido, el lobby izquierdista neoyorquino le destruiría.
“¿Qué es la vida de un
hombre en un momento como este?”, le diría
el cínico Hemingway. Este episodio dice más del aventurero ególatra
Hemingway que ningún otro de su vida. Hemingway continuó obstinadamente
en su apoyo mediático al Frente Popular (2º Congreso de escritores,
en 1937, con el PC Americano en el Carnegie Hall de New York, donde leyó
un discurso absolutamente fraudulento, como era su costumbre).
Hemingway participó conscientemente de las mentiras del Frente Popular y encubrió sus asesinatos, mientras se entregaba a fondo en la crítica más demoledora a todos los desafectos que los denunciaban (su novela "Por quién doblan las campanas", que le enriqueció, se publicó en 1940, cuando ya todo había terminado).
De
la experiencia española saldrían “Por
quién doblan las campanas”, “Muerte
en la tarde” en 1932, y su única obra de teatro “La
quinta columna”. Cínicamente, en la primera de ellas
dice el protagonista, norteamericano por supuesto, con respecto a los partidos
políticos: “Me cago en todos menos en
el pueblo, y cuidado con él cuando llegue al poder”,
cuando en realidad ejerció de agente estalinista, como Alberti,
y estas obras se leen como tales panfletos (por ejemplo, cuando ataca a los
anarquistas como degenerados y borrachos).
Hemingway
fue delator de esos servicios secretos, y no sólo corresponsal de guerra,
lo que no le impidió volver veinte años después a España
a ver corridas de toros. Del mismo modo, durante la II Guerra Mundial fue corresponsal
de la IV División de Infantería de su país, arrastrando
con él a 200 turbulentos “resistentes” con la columna francesa
de Leclerc, con el que tuvo varios choques. Para él toda guerra era simplemente
una aventura que vivía de modo inconsciente e irresponsable al riesgo
extremo.
Su
involucración en la lucha contra el nazismo, fue simbólica. En
esos tiempos ya se había aposentado cómodamente en Cuba donde
se dedicaba a la pesca deportiva y a las juergas en el submundo de los proxenetas,
borrachos etc... Fiel a su tradición de embustero, inventó
historias increíbles sobre expediciones de "furibundos Falangistas",
30.000, dispuestos a crear en Cuba un Estado nazi, actuando en combinación
con submarinos nazis que supuestamente infectaban el Caribe (¡más
de 1000!). Pero, sorprendentemente, gracias a ese montaje, posible sólo,
con la colaboración del embajador de los USA en Cuba, otro golfo juerguista
y borracho como él, logró una suculenta sobvención del
Gobierno americano (pese a los informes desfavorables del FBI) para montar una
"red de agentes" reclutados entre el mundo del hampa y una generosa
dotación de gasolina (en tiempos de racionamiento, 1942) para, con su
yate, patrullar el Caribe, que no era sinó montar juergas en alta mar.
La farsa, finalmente, fue desmontada.
En
1952 escribió su emblemático (por esquemático) “El
viejo y el mar”, con el que ganó el Premio Pulitzer
al año siguiente. Esta obra fue en realidad una rectificación
de la anterior, “Al otro lado del río
y entre los árboles”, publicada en 1950, donde narra
uno de sus amores no correspondidos, con Adriana. El mismo año ganó
el Nobel y el galardón de la Academia Americana de Artes y Letras, así
como otro cubano. Dejó “París
era una fiesta” como obra póstuma, publicada en 1964,
donde se retrata como capitán de la “generación
perdida” de escritores de la época, lo que es incierto.
De hecho mantuvo una relación de reto permanente con ellos, fruto de
su individualismo feroz.
Precisamente en 1933 había respondido a las críticas literarias de Max Eastman a puñetazos. Lo que éste criticaba era su visión brutal de la vida, propia de un matón sin escrúpulos ni sentimientos. Tampoco se publicaron 3.000 páginas manuscritas que dejó.
Los personajes de Hemingway reflejan el carácter de éste, seres despojados de valores morales que desprecian cínicamente los sentimientos excepto los propios. Autosatisfacción es su lema, simplicidad, primitivismo en el curso de la vida. De ahí su pasión por el boxeo, la guerra, la caza, la tauromaquia. Disciplinas a las que se aficionó pero no llegó a entender en su significado profundo.
El
relato biográfico de sus aventuras amorosas reflejan simpleza y utilización
sin escrúpulos del otro. Sus aventuras son una exaltación
espasmódica y la creación de un mundo personal imaginario, conscientemente
frágil y limitado, del que no logra salir y que le lleva a la violencia,
el cinismo y finalmente a su propia muerte.
Por otra parte, sus obras eran corregidas y pulidas muchas veces, careciendo de ninguna espontaneidad y flexibilidad.
Hemingway fue un ser bronco y cruel, hasta el cinismo, despreciativo con los débiles y rastrero con los que le desdeñaban, pero sobre todo extremadamente egocéntrico, incapaz de llegar a conclusiones amplias.
Sus fraudes siempre terminaban en tumultuosas, brutales y legendarias peleas públicas con sus colaboradores en sus habituales montajes (el General Durán etc...) en las que también se mezclaban líos de esposas etc... y todo ello pese a que en sus escritos pretendió siempre exaltar los valores de la amistad y la fidelidad, de los que él precisamente careció, caracterizado como fue por su caracter celoso, envidioso y extraordinariamente embustero, que se materializó en enormes difamaciones (en especial de Dos Passos y de sus propias mujeres).

Con
el tiempo, sus obsesiones y extremo egoísmo, le condujeron a la inestabilidad
mental: una vida de excesos, alcohol y exageraciones hasta
que se trasladó en 1958 a Ketchum, en Idaho, donde se suicidaría
por arma de fuego el 2 de julio.
Lo que atrae de Hemingway y que le ha encumbrado es justamente el realismo romántico, tan falso como su vida, enteramente dedicado a él mismo, un individualismo exacerbado, arriesgado, aventurero y hedonista, muy de estilo hippie a lo “Che” Guevara, que se pondría de moda en la siguiente década y que hoy nos consume en su versión abiertamente cínica y “progresista”. Muy Hemingway.