"Subcomandante Marcos"
Rafael
Sebastián Guillén Vicente no es un nombre que sea conocido
pero sí lo es el apodo que se ha buscado, “Subcomandante
Marcos”, el televisivo portavoz y jefe del EZLN, Ejército
Zapatista de Liberación Nacional mexicano, y futuro actor hollywoodiense
interpretando su propio papel y modelo de Benetton.
Marcos-Rafael nació en 1957 en Tampico (Tamaulipas), de familia criolla,
comerciantes de muebles, hijo de un catedrático de sociología.
Estudió Ciencias de la Comunicación (se le nota) y fue profesor
universitario en Ciudad de México, de Filosofía, según
unos, y de diseño gráfico y teatro según el gobierno
mexicano, de 1977 a 1981(en todo caso después ha hecho mucho teatro).
De orígenes burgueses y fugaz trayectoria profesional pero fluida oratoria
que, ante el fracaso de la actuación de la izquierda radical en las
ciudades, y después de haber pasado una temporada en Nicaragua y en
Cuba, donde se obsesionó con la vida del “Che” Guevara,
se dirige a la zona de Chiapas donde existe un minúsculo núcleo
guerrillero llamado “Fuerzas de Liberación
Nacional”, bajo el mando del “comandante
Germán”.
Del “Che” copió el sombrero
maoísta, más el uniforme guerrillero y la bandolera, y además
de la pipa, dicen que incluso intenta imitar la manera
de respirar de su ídolo, enfundado en un negro pasamontañas
de comando.
Se
trata de una caricatura, patética imagen de lo que no se es,
y la causa social que dice defender no sólo es poco definida sino que
encima es falsa, pero son las características necesarias
para erigirse en el nuevo mito de la lucha por “la
liberación de los pueblos” contra la opresión del
neoliberalismo global.
Él mismo se ha calificado de “mito
genial”, adorado por los gurús intelectuales de la izquierda
occidental que peregrinan a la nueva Meca progresista de la selva lacandona.
Los orígenes del desarrollo del FLN-EZLN están en la Unión
de Ejidos, creada en 1975 con el nombre de “Nuestra
fuerza para la liberación”, que cinco años después
se coordinan con otras uniones y grupos de solidaridad campesina con el objetivo
de desarrollar proyectos económicos que, sin el apoyo estatal, fracasan.
Para entonces se habían desecho de “compañeros de viaje”
maoístas. Pero en 1989, se da una asimilación del núcleo
“foquista” rural del EZLN por la intelectualidad urbana liderada
por Marcos, y cuatro años después el EZLN se une al Comité
Clandestino Revolucionario Indígena como medio de penetrar su ideología
marxista-leninista y para salir de la crisis en la que se encontraba.
El EZLN se autodefinía como “organización
político-militar de corte marxista-leninista”, y sus primeros
comunicados hablan de socialismo y revolución: “Antes
de 1994 no conocíamos el movimiento indígena”,
ha declarado Marcos.
Porque lo que los campesinos preparaban era una “revuelta
de hambre”, debida a la crisis provocada por la caída
de los precios internacionales del café en 1989 que culmina en 1992
con el fin del reparto agrario por el presidente Carlos Salinas de Gortari.
Es en este contexto en el que se organiza la marcha a San Cristóbal
de las Casas del 12 de octubre de 1992.
El
movimiento culmina con la marcha del 12 de enero de 1994, que no esa “masa
informe que no responde a una organización política en términos
clásicos” definida por Marcos, sino que fue impulsada
por organizaciones, sindicatos y grupos de colonos, muchos de ellos militantes
y activistas del PRD, el partido de la izquierda moderada mexicana.
El EZLN va a remolque de este movimiento, pero
el líder Marcos ve la oportunidad de aprovecharse de él como
plataforma para dar a conocer su circo mediático. Porque él
ha sabido generar una imagen ideológica a gusto de la “izquierda
post-moderna”, una mezcla de las aspiraciones económicas de los
indígenas de los Altos y de los conceptos “antiautoritarios”
y ecologistas de los Nuevos Movimientos Sociales, ídolos de los activistas
de la izquierda occidental, esa “multinacional de la mentira”.
Pero es una ideología producto del fracaso, una amalgama coyuntural
que no está destinada a servir a los intereses de los indígenas,
es el sueño “mariateguista”
de Marcos. Tal es la intención de la creación del CND, a principios
de 1996, disuelto en medio de luchas intestinas entre las múltiples
organizaciones que lo formaban debido a su inactividad. Y del FZLN, el Frente,
en septiembre del año siguiente, creado para la actividad legal zapatista,
imposibilitado por la ruptura de negociaciones con el gobierno.
Tal
es también la intención aduladora hacia los medios de comunicación
occidentales alucinados por la “nueva nueva-izquierda”
y hacia esta cuando lanza su apología de ETA.
Como las FLN, como el EZLN, están dirigidos
por blancos o mestizos de origen urbano, empapados de ideología marxista-leninista
y de “foquismo” guevarista de inspiración cubana, que controlan
a una masa de indígenas.
Ahora, los militantes urbanos zapatistas son estudiantes y ex-militantes izquierdistas,
“espontaneístas” y extraordinariamente
intolerantes con todos los que no comparten sus puntos de vista. Su prototipo
es John Whitmer, que renunció a la Antropología en Connecticut
para ejercer de comisario de la ortodoxia política de los periodistas
acreditados frente al EZLN.
En cuanto a su actitud, si bien es cierto que las hostilidades finalizaron
a las dos semanas, con la tregua, y que el armamento era bien escaso (aunque
en la actualidad hace buen negocio vendiendo con elevados beneficios armas
a los indígenas, que compran en los EEUU), la que ejercen contra
la población es elevada.
Son miles las cartas enviadas por indígenas
de distintas localidades de Chiapas a párrocos, a ONGs, a autoridades
locales, denunciando robos, expropiaciones y saqueos, expulsiones de familias
e incluso de aldeas enteras, maltratos físicos y chantajes a que se
han visto sometidos los indígenas que se negaron a obedecer las directrices
de Marcos.
Más de treinta mil campesinos (casi la
mitad de la población de Las Cañadas), se han visto obligados
a huir de sus lugares de origen, en el marco de las operaciones de “limpieza
política” zapatista. Ello ha sido denunciado por periodistas
tan poco sospechosos de “derechismo” como Maite Rico y Bertrand
de La Grange.
Por
otra parte, un distinguido antropólogo mexicano, Roger Bartra, ha explicado
que el retorno de la Iglesia al escenario político y el indigenismo
fundamentalista que ha traído como consecuencia el movimiento zapatista
representan un retroceso de primera magnitud para la democratización
política.
Porque la colaboración en el silenciamiento de la coacción zapatista
y el apoyo por parte de la Iglesia (especialmente el astuto Samuel Ruiz, obispo
de San Cristóbal de Las Casas ) no es por simpatía hacia estos,
sino por no perder el tren de la influencia y el control sobre la población.
Los indígenas han pasado de la dictadura
del PRI a la explotación tiránica del EZLN y sus burgueses.
Marcos ha implantado unas improductivas políticas colectivistas que
han empeorado los rendimientos y la productividad, por las que los indios
se ven obligados a trabajar, bajo estricta disciplina y vigilancia, bastantes
horas de más.
Marcos no desea ayudar a los indígenas. Cuando, en enero de 1994, el
presidente Salinas aceptó todas las exigencias zapatistas (menos su
dimisión), fue Marcos el que bloqueó la decisión favorable
de la Asamblea Extraordinaria zapatista.
En 1996 declaraba Marcos, “carecemos de una propuesta
de nueva nación, una propuesta de reconstrucción”,
pero no lo hacía como autocrítica, sino afirmando lo positivo
de no tener alternativa. “No necesitamos que nos
den nada”, afirmó en otra ocasión.
La hábil política pactista del gobierno ha
mostrado la ausencia de un programa mínimo zapatista de reformas, oculto
por confusas reivindicaciones en defensa de la identidad indígena,
que entusiasman a los “multiculturalistas” universitarios europeos,
pero que son inútiles para aliviar las condiciones de vida de los campesinos.
El
proyecto “indigenista” es un camelo.
La autonomía por sí misma no soluciona nada, únicamente
el derecho a administrar localmente la pobreza, la creación de una
“reserva”, un “ghetto”. Y la
presentación de los problemas campesinos como étnicos no hará
nada por su solución, al contrario, los esconde.
De hecho hay una especie de acuerdo tácito entre el gobierno y la dirección
del EZLN. Con la formación de la zona libre de “Los
caracoles” en Los Altos, el EZLN avanza hacia su institucionalización
e intenta buscar una salida negociada a su callejón sin salida, tras
el fracaso del circo de la Marcha.
De ahí que el EZLN calle ante todas las últimas
movilizaciones campesinas, obreras o estudiantiles que se han dado en México
al calor del movimiento chiapanenco. El gobierno deja de atacarlo, se arma,
y permite que la situación se pudra. Sabe lo que el EZLN y Marcos son,
pura imagen.
Que el fortalecido Ejército mexicano puede acabar con el problema es
evidente. Cuando tras un berrinche, el presidente Zedillo mandó al
Ejército reocupar los territorios zapatistas, lo hizo con suma eficacia.
Lo
mismo cabe decir de los servicios de inteligencia, que identificaron la verdadera
identidad de Marcos y de toda la cúpula zapatista gracias a un chivatazo
del “Subcomandante Daniel”, antigua
mano derecha y compañero de la infancia de Marcos. O de la organización
de los paramilitares, como demostró la triste masacre de 45 indios
en Acteal.
El gobierno mexicano prefiere tener como oponente legitimado al circo
indigenista del EZLN y a su oficiante Marcos, con su “territorio
liberado” en la que ejerce un control tiránico, que una
alternativa de control democrático de las instituciones (fuera del
duo PRI-PAN) y de la economía, para todos los mexicanos.