Felipe V, el Animoso

La muerte en 1700 del último rey español de la casa de los Austria, Carlos II, provocó una serie de pactos secretos entre las potencias que tenían derechos y las que aspiraban a obtener una parte de los territorios españoles.

Felipe V por Jacinto Rigau y RosLa posición española fue clara: ninguna cesión territorial, una nueva dinastía (francesa), ninguna supeditación del reino. Coronado rey del más grande imperio con sólo 17 años, Felipe V fue recibido con entusiasmo. Su reinado sería el más largo de la Historia de España.

Sólo un año tardaron el rey y su corte en aclimatarse a las costumbres españolas, aunque con gran esfuerzo; fue un gran aficionado a los toros y a los carnavales, habló y leyó en español, pero no abandonó el francés y no se acostumbró a la cocina.

Inteligente, obstinado en extremo y voluntarioso, se casó con María Luisa de Saboya, fallecida en 1714, y con Isabel de Farnesio de Parma, que le dieron 4 y 7 hijos, enamorándose apasionadamente. Ambas fueron enérgicas, fieles e inteligentes políticas.

Debido a la enfermedad del rey eran las que contestaban en las audiencias, pero jamás contradijeron su línea política, ni en público ni en privado. A pesar de la capacidad de sus mujeres y de las iniciativas reformistas de ministros como Alberoni o Patiño, era el rey el que se ocupaba directamente de la política exterior y de los asuntos internos despachando con ministros y Consejos, siempre que su enfermedad no lo sumiera en una crisis.

Su aparente “melancolía” y después “extravagancia” y los cambios bruscos de la apatía a una actividad frenética eran en realidad una enfermedad neurológica hoy conocida como bipolaridad: alteraciones del sueño y la alimentación, irritabilidad, depresión, obsesiones...

Esposas de Felipe V: Mª Luisa de Saboya e Isabel de Farnesio.Durante la campaña de Milán, con 18 años, y en la Guerra de Sucesión, se puso al frente de sus tropas en decisivas batallas, con gran riesgo de su vida y de su salud, lo que le valió el apodo de “el Animoso” y la admiración de su pueblo.

Recuperó la costumbre de Felipe II de desplazarse regularmente por todo el territorio, y como él buscaba tranquilidad en la religión.

Se consideró siempre rey de España, por encima de su opción a la Corona francesa y a pesar de las sátiras que provocó su renuncia en 1724.

Despertó antipatía entre la inútil nobleza, temerosa de perder sus puestos ante los funcionarios franceses del séquito real. Empezaron a conspirar, acercándose a la causa de los Austria, especialmente cuando se supo del proyecto de centralización de todos los Consejos en uno.

Pero España no estaba en decadencia ni lo estuvo después. Esa percepción era una forma de desánimo y protesta frente a las diversas crisis económicas y problemas políticos; en el siglo XVIII no había crisis, la inflación era baja, la moneda estable, los impuestos bajaron, la población aumentaba (alcanzó cifras desconocidas hasta entonces, llegando a mediados de siglo a nueve millones y medio) y no existían epidemias.

La Guerra de Sucesión española estalló por motivos de control territorial y comercial, especialmente el americano, con España y Francia contra Inglaterra, Holanda y Austria, cuando Portugal se pasó al bando aliado y las tropas españolas lo invadieron.

Entonces se vio que el Ejército nacional no existía, la Armada era escasa, el armamento inoperante, las fortificaciones insuficientes, los soldados pocos y mal equipados... A través de funcionarios franceses como Orry o Amelot se contabilizó y reformó el Ejército y el Gobierno, al modelo francés, sirviendo de ejemplo para medios reformistas españoles posteriores, especialmente Macanaz.

No obstante, los antecedentes de esta política reformista, especialmente en el terreno económico y hacendístico, tenían su inspiración no sólo en el reformismo borbónico francés, sino en el español de finales del siglo XVII, cuya realización más fecunda fue la Junta de Comercio y Moneda creada en 1679.

Si la época de la Ilustración por antonomasia fue la de Carlos III, en la segunda mitad del siglo XVIII, la de Felipe V, en su primera mitad, sentaría las bases de aquella.

El plan era reformar toda España, con la meta de sanear la Hacienda, la seguridad militar y la estabilidad del poder real. Las conspiraciones y traiciones en los reinos aragoneses en la Guerra de Sucesión no hicieron más que allanar ese camino proporcionando la justificación teórica, de sedición ante la soberanía legítima, aunque muchas leyes locales fueron confirmadas.

Una de las acciones más significativas de la guerra fue la conquista de Gibraltar por las tropas inglesas, por capitulación, el 6 de Agosto de 1704, debido a las escasas defensas españolas. Ante los varios intentos por recuperarlo, los ingleses lo conservaron como símbolo de victoria.

Barcelona y la costa mediterránea fue ocupada, previo bombardeo, con la ayuda de un grupo de traidores catalanes, que contaban con el sentimiento antifrancés por la guerra de 1697, y que pactaron con los ingleses.

Motivos económicos no los había, puesto que no existía presión sobre los impuestos o los fueros. La causa de que una parte de la población apoyara al enemigo fue de orden social: la protesta campesina contra la opresión económica y social de sus señores.

Por otro lado, la rivalidad contra los franceses era en buena parte comercial; y la razón política fue las luchas entre clanes locales. En ningún momento el archiduque Carlos tuvo un apoyo mayoritario en ningún territorio. No hubo ningún movimiento “anticastellano” ni “separatista”.

Fue la agitación política posterior y la actitud de los sediciosos atrincherados en Barcelona las que provocaron la represión y ocupación militar que agravaron las consecuencias de la eliminación de los injustos fueros.

El otro motivo fundamental era la falta de tropas y armamento, que invalidaba la resistencia, como ocurrió en Gerona y Lérida; y sobre todo el dominio marítimo de la escuadra inglesa. En definitiva, la presión militar.

Ese fue un conflicto provocado por Inglaterra más que por el propio archiduque. Con las batallas de Almansa y Villaviciosa finaliza la iniciativa victoriosa del enemigo.

Ataque anglo-holandés a Gibraltar (1704)Cambios en la política interna de las potencias llevaron a la paz de Utrech; meses antes Felipe V había renunciado voluntariamente al trono francés, del que era heredero próximo, en contra del parecer del rey Luis XIV, aunque con los cambios dinásticos reivindicaría tenazmente después sus derechos.

A pesar de su duración la guerra no provocó alteraciones importantes: la mayoría de los soldados fueron extranjeros, predominaron las batallas en campo abierto, no se represalió a la población y las matanzas en ambos bandos fueron aisladas (Játiva, Arén). También aumentó el bandidaje en el Levante debido a los piratas catalanes antiborbónicos. Pero la recuperación económica no se detuvo.

Se demolieron diversos castillos y fortificaciones y se instaló un ejército considerable, más por la política de suspicacia con la Francia del regente de Orleáns que por represalia. Por otro lado el gasto militar que pagaban los catalanes con sus impuestos era reducido.

No hubo represión cultural, como afirman los represivos nacionalistas catalanes. El Decreto de Nueva Planta inició la práctica de emplear una sola lengua oficial administrativa, y de modo extraoficial, dos siglos después de que lo hicieran países como Inglaterra y Francia.

El motivo fue sobre todo por la presencia de administradores italianos y franceses, que sólo podían entenderse en español. Formó parte de un proceso que se aceleró desde el siglo XVI entre las élites culturales.

Sin embargo, un levantamiento contra el intento de eliminar las aduanas regionales vascas en 1719 y el apoyo temporal a las tropas de la Cuadruple Alianza contra España en 1719, fueron perdonados por el rey.

Felipe V autorizó la creación de diversas compañías monopólicas para el comercio americano, siendo las más importantes la de Barcelona y la Guipuzcoana, legalizando lo que ya dominaban a través de intermediarios, controlando las ciudades intermedias del Levante y el Cantábrico; en el puerto de Bilbao incluso estaba prohibido el establecimiento de comerciantes no-vascos desde 1699.

Más motivo de queja tenían los castellanos, ya que con la centralización perdían peso político para diluirse en el conjunto, y ya antes no podían ejercer de burócratas en el reino de Aragón o en Vasconia, pero los de estas regiones sí ocupaban cargos en Castilla. Además eran los que pagaban para que se beneficiasen los otros reinos.

(Ya bajo Felipe IV, el Conde-Duque de Olivares intentó remediar esa injusticia creando la abortada Unión de Armas, por la que cada reino pagaría y contribuiría equitativamente).

En 1724 el rey abdicó en su hijo Luis I, tanto por los altibajos de su enfermedad como por el enojo debido al enfrentamiento con Francia. Luis murió a los dos años y el rey volvió, con gran disgusto del “partido español” (los conservadores), que recelaba ahora de la influencia de los consejeros italianos.

En 1729 inició un recorrido por Andalucía que se prolongó inesperadamente hasta 1733, instalándose en Sevilla, y en el que su enfermedad no dejó de agravarse.

La Guerra de Sucesión polaca provocó la victoriosa intervención española en el sur de Italia, con su hijo Carlos III al frente, de 18 años de edad. El acuerdo de 1738 le dio Nápoles y Sicilia pero a costa de Parma y la Toscana.

La victoria se celebró grandiosamente y hubo un desfile militar de todas las tropas participantes que duró 7 días.

Ataque inglés a Portobelo.El ataque inglés a Portobelo, que destruyó el comercio americano, y la Guerra de Sucesión austríaca al morir el emperador en 1740, precipitaron el Segundo Pacto de Familia con Francia, que pronto se enfrentó a las pretensiones españolas en Italia y deseó firmar la paz, volviendo a provocar la furia de Felipe V.

Un mito muy extendido es la supuesta supeditación del rey a la política y monarquía francesas a través de los Pactos de Familia; nada más falso. El rey defendió los intereses de la Corona y se enfrentó constantemente a la política francesa, siguiendo obstinadamente la suya propia, incluso frente a su esposa Isabel, que deseaba un mayor intervencionismo español en Italia.

De 1734 al momento de su fulminante muerte en 1746, a los 62 años, la salud mental y física del rey se degradó por los efectos de su enfermedad.

Felipe V devolvió a España su poderío y sentó las bases del Estado moderno al dotarlo de un ejército estable y una Hacienda regular. Aunque la Marina, logro del ministro Patiño, era poderosa, estuvo insuficientemente preparada y el Ejército estaba compuesto sólo por un tercio de españoles. Además, la recluta de hombres y medios se hacía para campañas específicas; todavía no existía una infraestructura bélica apropiada, ni terrestre ni naval, como la que por entonces levantaba Prusia.

En cuanto a la centralización administrativa, no se logró, ya que la oposición de la nobleza y de las élites locales (que retenían mucho control administrativo frente al funcionariado) lo impidió. Lo mismo que con los Austria e igual que hoy.

Un funcionariado, por cierto, compuesto en lugares como la Secretaría de Estado, por un círculo cerrado de vascos y navarros; lugares que mantuvieron sus fueros al no haberse sublevado.

La eliminación de los injustos fueros era sostenida más por españoles de todas las regiones que por los franceses. No hubo intenciones “absolutistas” sino la conclusión del reformismo español, de la lógica comercial y de la justicia territorial. La tendencia general en Europa.

Actualmente se ha abandonado la calificación de”absolutista” para ese periodo. El Estado borbónico y sus servidores carecieron de una ideología del poder. Reforzó el regalismo español, es decir la legitimidad del poder estatal y la Corona sobre otros.

Culturalmente los reyes intensificaron la tendencia de sectores de la élite de imitar corrientes europeas, italianas y francesas, que posteriormente se modificarían al contacto con la cultura española (caso del barroco), aunque con ello surge la brecha entre cultura popular y cultura de élite que hasta entonces no existía en España.

El incendio del Alcázar de Madrid en 1734 supuso la construcción del Palacio Real y retocar la Granja de San Ildefonso, ejemplo de la contribución real a la cultura. Ellos mismos dejaron casi 300 bocetos de su mano, afición que compaginaban con su pasión por la música y el teatro, en especial las obras italianas, que conocían ampliamente.

Felipe V reinó en una sociedad en transformación y no se cerró ante ningún cambio. Fue la época en la que, en la estela de la propaganda de la Guerra de Sucesión, se expandió notablemente la crítica y los panfletos políticos, sin licencia pero de libre circulación. También en esto España se integró en la corriente europea con mayor libertad.

Las claves del reinado fueron la estabilidad y el crecimiento: demográfico, productivo, de precios, monetario, financiero, de abastecimiento... Incluso las guerras incentivaron la economía ya que eran cortas y no generaban impuestos permanentes.

El gobierno subvencionó sectores económicos a través de la Junta de Comercio, no sin dificultades. La desigualdad en el intercambio comercial exterior provocaba que la plata americana no se quedase en España.

En su legado traspasó a su hijo su preocupación por el bienestar de los más desfavorecidos.

El último rey-guerrero de España fue un digno sucesor del gran Felipe II.

Nunca abandonaré España mientras tenga vida, antes bien perecería luchando por cada trozo de su suelo, a la cabeza de mis tropas.

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