Blas de Lezo Olavarrieta “Patapalo”
El
Almirante “Patapalo” Blas de Lezo nace en Pasajes (Guipúzcoa),
en 1689, participó en 22 batallas y fue el protagonista de uno de los
hechos militares más heroicos en una historia militar cuajada de ellos
como la española.
En 1701 ingresa como guardamarina y tres años después entra
en combate en el seno de la escuadra francesa contra la fuerza combinada anglo-holandesa
en la batalla de Vélez-Málaga, en el marco de la Guerra de Sucesión
Española.
Allí perderá una pierna por impacto de bala de cañón,
siendo ascendido a alférez de navío, y después a teniente
de navío, por su valor y la serenidad demostrada en tal crítica
circunstancia.
En la posterior defensa del castillo de Santa Catalina, de Tolón, pierde
el ojo izquierdo. Ostenta el mando de varios convoyes de apoyo a las tropas
de Felipe V en Barcelona, burlando el bloqueo británico. En uno de
ellos se libra del cerco en el que estaba incendiando alguno de sus buques.
En 1713 es ascendido a capitán de navío, y al año siguiente
pierde el brazo derecho en el segundo sitio de Barcelona. Al mando de una
fragata apresa once barcos británicos superiores en armamento.
Al término de la Guerra de Sucesión se le otorga el mando del
buque insignia “Lanfranco” y el mano de la Escuadra de los Mares
del Sur, capturando numerosos navíos holandeses y británicos
y limpiando de piratas las costas del Océano Pacífico.
En 1725 se casa en Perú y en 1730 regresa a España siendo ascendido
a comandante de la Escuadra Naval del Mediterráneo. Es entonces cuando,
en la República de Génova, va a cobrar los 200.000 pesos adeudados
a la Corona española y retenidos en el Banco de San Jorge, y exige
un saludo de desagravio a la bandera española o bombardeará
la ciudad. El Senado genovés cedió inmediatamente.
En 1732 comanda una expedición a Orán de 54 buques y 30.000
hombres, que conquista la ciudad. Retomada por los piratas argelinos, Lezo
logra su fuga con 6 navíos y 3.000 hombres, persiguiendo a su nave
capitana de 60 cañones, que se refugia en la bahía de Mostagán
defendida por dos castillos y 4.000 combatientes.
Lezo entra en la bahía bajo intenso fuego e incendia la nave enemiga,
derruyendo en parte los castillos. Patrullaría aquellas aguas obstaculizando
los refuerzos turcos hasta que una epidemia le obliga a regresar.
En
1734 es ascendido a General de la Armada. En 1734 regresa a América
y es nombrado comandante general de Cartagena de Indias, donde va a protagonizar
un hecho heroico hoy injustamente olvidado: la derrota de la Armada inglesa.
En octubre de 1739 estalla la “guerra de la oreja de Jenkins”
con Gran Bretaña. El motivo inicial es el incidente protagonizado por
el capitán de un guardacostas español, Juan León Fandiño,
que captura el navío británico “Rebbeca” y le corta
una oreja a su capitán, Robert Jenkins con la advertencia de hacer
lo mismo a su Rey si continúa el tráfico ilegal en aguas españolas.
La causa real fue la ambición de los comerciantes británicos
y su deseo de expandir sus mercados.
Planean para ello la conquista de Cartagena de Indias, principal centro comercial.
El Comandante Edward Vernon, apoyado por el Comodoro Anson y el General Woork,
es el encargado de hacerlo. Años antes había tanteado la plaza
dos veces, siendo puesto en fuga por Lezo con diversas exitosas estrategias.
Vernon venía precedido por el éxito de una acción de
rapiña en la mal defendida Portobelo y llega con la mayor flota de
combate conocida hasta el desembarco de Normandía: 186 barcos con 2.000
cañones y 23.600 hombres frente a 3.000 españoles con 6 navíos,
pero comandados por el Virrey Sebastián de Eslava, Teniente General,
Blas de Lezo, General de la Armada, el Mariscal de Campo Melchor de Navarrete,
gobernador, y el ingeniero militar Carlos des Naux, castellano del castillo
de San Luis de Bocachica, todos ellos decididos a no ceder.
Los cuatro jefes superarán diferencias de criterio y defenderán
la plaza en una batalla que pasa a la Historia como memorable.
Vernon llega el 13 de marzo de 1741 y escribe cartas desafiantes a Lezo, que
responderá tachándole de cobarde.
El cañoneo al castillo de Bocachica durará 16 días y
noches, 62 disparos de grueso calibre por hora sobre los 500 hombres que lo
defienden, previo silenciamiento de las baterías de los buques cercanos.
Después viene el desembarco de infantería y artillería
en superioridad abrumadora, que logra rebasar una defensa a ultranza con Lezo
y des Naux en primera línea.
Lezo hunde otros tres barcos logrando sellar parcialmente el canal navegable
del castillo, pero la nave capitana “Galicia” es capturada. Las
tropas se repliegan a la fortaleza de San Felipe de Barajas, ahora con 600
defensores, sin intentar defender el castillo de Bocagrande, contra el criterio
de Lezo. Hunden los otros dos buques para cegar el canal, retrasando el avance
británico pero no deteniéndolo. Estos dejan el castillo de Manzanillo
a un lado.
Vernon entra triunfante en la bahía con las banderas desplegadas y
envía la noticia de su triunfo a Londres, donde sus amigos hacen acuñar
medallas conmemorativas en las que se ve a un arrodillado Lezo y seis navíos
en el reverso. Estas medallas, aún existentes, serán motivo
de burla durante mucho tiempo.
La noche del 19 de abril, una vez convenientemente cañoneada la fortaleza,
Vernon ataca con la infantería, que no logra doblegar la defensa, y
sufre numerosas bajas. Al alba los españoles salen del castillo a la
bayoneta calada y masacran a los supervivientes que no logran huir, capturando
todos los pertrechos y a pesar del cansancio del combate de toda la noche.
Durante
30 días los británicos bombardean por pura venganza, incluyendo
el capturado buque “Galicia”, pero el cólera que han traído
en sus naves y el escorbuto y la malaria generados por la falta de víveres
frescos ante la presencia de guerrillas en su retaguardia provoca una hecatombe
en sus filas. Las mismas guerrillas abastecen la ciudad a través de
los canales y las ciénagas.
Además, el cañoneo desde la ciudad provoca el incendio del “Galicia”
y la extensión de este a otras naves, que estallan. El cañoneo
y asalto al castillo de Manzanillo fracasará en medio de grandes pérdidas
ante la defensa de los criollos allí atrincherados en sus ruinas, y
provocará un amotinamiento en las filas británicas que se saldará
con el fusilamiento de 50 soldados.
Los ataques guerrilleros arrecian y los defensores de
los castillos tienen que ser contenidos para evitar que salgan a rematar la
faena, y evitar el contagio de las enfermedades de los británicos.
Sus barcos se retirarán lentamente sin dejar de disparar, acabando
el 20 de mayo. Seis de ellos han de ser incendiados por falta de tripulación,
y el resto va cargado de heridos.
Un
mes y medio después fallece Blas de Lezo, agotado y malherido en un
hospital. Se ignora donde está enterrado.
Su rival, Vernon, retorna en 1742 con 56 navíos al enterarse de su
muerte, pero desiste ante las defensas. Murió en 1757 repudiado y olvidado.
El rey Jorge I prohibió toda publicación sobre la batalla. La
promoción de la figura del Almirante Nelson ante la amenaza napoleónica
fue consecuencia directa de este hecho.
El Imperio español duraría un siglo más gracias a hombres,
anónimos, de la talla de Blas de Lezo.