El peligro máximo (mucho más allá que la crisis económica) que afronta la Nación y el Pueblo españoles es la disgregación y destrucción de su territorio a manos de los separatismos y sus aliados: el sistema político erigido en la infausta "Constitución". La ruina económica de millones de familias deriva directamente de ello. El caos económico es consecuencia del caos de las instituciones del Estado. Los nacionalismos son causa, y obstáculo, insuperables para la resolución del problema porque su designio expreso y confeso es "reventar" el Estado.
El "sistema autonómico" que ha impulsado directamente el rechazo a la unidad nacional y el saqueo generalizado de la economía a través de la multiplicación y desarrollo de miles de instancias burocráticas hiperinfladas con los 17 macroestados y sus casi 3 millones de parásitos, es para el Pueblo y Nación españoles un fracaso insalvable que exige la "intervención directa" de la población consciente, antes de la debacle final.
Los partidos se han constituido en "casta política", una "oligarquía de caciques", que además de implantar la putrefacción en todos los ámbitos de la vida nacional, colabora activa y conscientemente con la labor destructiva del cáncer nacionalista.
La destrucción de todo vestigio del supuesto "Estado de derecho" : colaboración genuflexa del propio Estado con sus enemigos sea el terrorismo nacionalista o sus organizaciones "políticas", la violación de las leyes por las propias instituciones, la permisividad, e incentivación a violarlas por los miserables sátrapas locales, la indiferencia ante el acoso y represión de la población española en bastantes regiones, y sobre todo, el desprecio y humillación de las víctimas producidas por la bestia nacionalista, configuran un escenario en el que el sistema político, el Estado y sus instrumentos, son subversivos actuando contra la propia legalidad que representan, y se convierten, todos, sin excepción, en una banda de foragidos y de traidores. El Estado ya no existe, la legalidad ha sido borrada, estamos ante un conjunto de delincuentes.
La extrema vileza de los partidos del sistema ha quedado más que demostrada en todas las alternancias habidas. Sólo se puede esperar más de lo mismo hasta que la zapa de la carroña nacionalista termine por derrumbar el chiringuito partitocrático, y con él a nuestro país, España.
No hay más solución que un cambio total del sistema, que elimine la estructura autonómica, que elimine a todos los nacionalismos y a las castas políticas y sindicales que anidan en las instituciones escudadas en trasnochadas ideologías, y que corte radicalmente todas las redes de intereses clientelares creadas con la subvención a todo tipo de aberraciones y a minorías ilegítimas, mientras indecentemente se desatienden auténticos, y dramáticos, problemas sociales e individuales concretos. El sistema actual no está al servicio del pueblo, sinó contra él.
Para cambiar el sistema es necesaria la total unidad y coordinación de la oposición real a esta situación en un Frente único animado por un espíritu análogo al combativo de los patiotas de nuestra Guerra de la Independencia, dejando opciones políticas propias a un lado.
A tal fin, llamamos a todos los grupos e individualidades del movimiento de resistencia a las tiranías nacionalistas, que se aproximen para la creación de un Frente de Salvación Nacional a la mayor brevedad.
Sabemos que gran parte de la población, atrapada por las necesidades inmediatas o incluso por egoismos individuales, y por la pervasiva presión de los medios, es indiferente, refractaria, e incapaz de identificar la perspectiva de su bienestar con la defensa del país, y por lo tanto, hostil a todo lo que no sean las promesas de los embaucadores de siempre. Moralmente es incapaz de los sacrificios y esfuerzos que requiere la lucha actual.
De eso se vale el enemigo, invasor de nuestra Nación, de eso y de la bajeza corrupta de los partidos llamados "nacionales", que, carentes de cualquier idea superior a sus más bajos instintos e intereses mezquinos, son el mayor obstáculo para cualquier organización y acción auténticamente patriótica.
La resistencia, movimiento de combate, debe desarrollarse y empeñarse en una acción constante de acoso, en cuyo seno germine el instrumento (organización) capaz de, llegado el momento, culminar el desalojo y sustitución del actual sistema. Si fracasamos en desarrollar tal movimiento dejaremos el campo libre al enemigo; será el fin.
La idea de "Resistencia" supone mucho más que la oposición a unas políticas específicas del momento o que unas actitudes ideológicas pasajeras.
Es una "forma" de lucha real que expresa, y materializa, la voluntad de oponerse y derrocar a éste sistema político partitocrático, parasitado por los separatismos-autonomías, que es sustancialmente subversivo y antinacional, caótico, ruinoso y que aún generado al amparo de la legalidad vigente, ha perdido la legitimidad.
La Resistencia surge de un estado personal de indignación, de rebelión ante la injusticia, la opresión y la mentira. Eso termina por convertirse en una actitud persistente, y en configurar un pensamiento, tanto más libre cuanto más se aleje de los corsés ideológicos existentes.
Este concepto de Resistencia está en la base misma del origen y desarrollo de los Núcleos de Oposición Antinacionalistas (Resistencia Patriótica Española) puesto que el régimen partitocrático/separatista se ha apoderado de las instituciones, saqueándolas, y que ni el PS ni el PP quieren (y podrían) enfrentarse a los ladrones separatistas, a sus provocaciones constantes y a la permanente exhibición de un cínico y falso victimismo (coreados por la vergonzosa corrección política, el tiránico "pensamiento" único, y el servilismo rastrero, de los medios de comunicación), por eso sólo podemos ser "la Resistencia", tan radical como radical es la situación que nos obliga a ella.
La Resistencia es el receptáculo en el que se integran las actitudes sistemáticas y actos conscientes, individuales o colectivos, que realmente se oponen, y son un enfrentamiento y acoso al sistema político actual; no propone recetas para el sistema caciquil sinó contra él. Y delimita un ámbito conceptual unitario, sin fisuras ni divergencias, alrededor de la unidad, del patriotismo, de la fidelidad, de la libertad, y del progreso, sin adjetivos, ámbito en el que caben y deben participar todos (tanto individuos como grupos, por exigüos que sean) con estas bases como nexo. Es imprescindible la adhesión al propósito de la defensa de la unidad y pervivencia de la Nación española y no a una ideología, las ideas individuales deben posponerse y excluirse de éste contexto; cualquier "ismo" desvirtúa y neutraliza la resistencia (como también la desvirtúan las mezclas espúreas, aquellas que superponen su simbología sobre la bandera nacional: los falsos patriotas, los fascistas, la extrema derecha).
Su objetivo global más inmediato y concreto es que el Estado recupere su papel de representante y encarnación del Pueblo y la Nación y cumpla su función de asegurar esos valores, y no como ahora que es un abrevadero de los cambalaches y el saqueo de los caciques de los partidos actuales, sin metas, ni respeto a las leyes y principios. Las ideologías ya no funcionan ni representan nada más que intereses ilegítimos. En el horizonte de la Resistencia se dibuja el deseo de poner punto final a los 200 años de traición, desidia, egoísmos, robos y caos protagonizados por las sucesivas oligarquías políticas que han impedido el progreso, la libertad y la unidad del Pueblo y Nación españoles. La Resistencia asume, también, esta labor histórica: la reconstrucción nacional pendiente.
La Resistencia como movimiento de combate al sistema político y a los separatismos, nace y se desarrolla en la realidad política: el camino sin retorno iniciado por la actual Constitución.
O eso, o el colaboracionismo encubierto y el conformismo complaciente.
Los medios materiales están fuertemente condicionados por la mera disponibilidad física, en ocasiones difícilmente modificable, aunque las nuevas tecnologías ponen a disposición de cualquiera otras posibilidades que rompen el monopolio informativo. Aparentemente son el todo, pero la experiencia ha mostrado que no es así, los medios verdaderamente importantes son los inmateriales, los que nacen y residen en la propia persona: la actitud y la constancia.
La actitud resistente deriva del posicionamiento convencido, claro y permanente frente al enemigo. Es la actitud la que confiere carácter y sesgo a todos los gestos y actos corrientes de la vida convirtiéndolos en acciones resistentes, y por supuesto, impulsa a la realización de otros de mayor alcance.
Cuando la actitud proviene de la interiorización de la encrucijada crítica en que nos encontramos es cuando deja de ser el impulso de un momento (de nulo valor) y pasa a convertirse en permanente, sistemática, y efectivamente constante: es el espíritu del resistente, la constancia inquebrantable, el empecinamiento sin tregua, la movilización.
Las actividades de la Resistencia son básicamente: información, propaganda, agitación, coordinación y organización.
La propaganda y la agitación son instrumentos esenciales. Con ellos se persigue romper el cerco de silencio que el enemigo, y los medios por él controlados, nos ha logrado imponer. Ambas actividades se realizan mediante la palabra pero no sólo, porque otro tipo de acciones más radicales tienen también un fin eminentemente propagandístico.
Nuestra propaganda no debe difundir mentiras sinó precisamente verdades y toda clase de información que denuncia tanto al fraudulento sistema político como al enemigo nacionalista: la represión, desvelar sus mentiras, desmontar, resistir y neutralizar sus manipulaciones de ingeniería social etc. Pero no sólo es el medio para la denuncia sino para definirla y encuadrarla en su plan general de agresión. Es la vía de comunicación con la población, de traslación de nuestras propuestas y metas, y de hacer circular entre ella un discurso que contrarrestre al actual dominante.
Con la agitación se impulsa la propagación de consignas que alertan y estimulan actitudes de oposición, señalan al enemigo, acentúan el enconamiento de la confrontación abierta y se pretende reforzar el ánimo.
Crear núcleos de organización resistentes y el mantenimiento de redes de contactos es conveniente como manifestación de presencia y para favorecer la emergencia de la estructura organizativa necessaria para, superando la fase de "resistencia", provocar el cambio total del sistema.
Estas actividades deben llevarse a cabo por todos los medios disponibles, desde el más humilde y aparentemente banal, hasta el más osado. Todos son extraordinariamente importantes si se realizan sistemáticamente y con perseverancia. Ningún esfuerzo cae en saco roto.
Fijémonos en cuan amplio es el campo de actuación de la tiranía separatista: utiliza el terrorismo, la guerrilla urbana, pequeños sabotajes, el espionaje, la coacción y presión económica a todas las organizaciones asociativas civiles, formas sociales de desprecio, difusión de símbolos propios, prensa propia, una mezcla de represión, presión, victimismo, mentira, ocultamiento y falso legalismo para así paralizar toda oposición. Ciertamente, posee el poder político que se le ha regalado y el poder económico de las oligarquías locales, no obstante, observemos, la "fidelidad" que da el dinero es voluble y falsa pese a las apariencias.
Debemos atender a sus métodos y analizarlos, no todos están a nuestro alcance, bien sea por falta de capacidad o por inoportunidad, pero muchos sí y deben aplicarse en todo nuestro país.
La Resistencia no se puede circunscribir solamente a las regiones dominadas por el enemigo separatista porque el enfrentamiento es con todo el sistema que es el valedor de los separatistas al darles una fuerza superior a su entidad real y porque ha arruinado el país con la malversación, la corrupción, y con el artificial e innecesario Estado autonómico.
Es cierto que en cada localidad o zona hay que ajustarse a su realidad específica, pero no olvidemos que el enemigo nacionalista lo es de todos, por lejanos geográficamente que estén, en cuyo caso, precisamente, la acción resistente de sensibilización contra él deberá ocupar un lugar y una intensidad primordial.
Ningún acto o táctica es pequeño, ninguno es estéril. Cada adhesivo, cada símbolo pintado o exhibido, cada octavilla, cada diario, cada palabra (la batalla del lengüaje que se ha menospreciado), cada canción, cada pensamiento, cuentan y forman parte de la Resistencia, son de hecho la Resistencia.
La ausencia de resultados palpables, característica de éste modo de lucha, no debe desanimar: se trata de una fase previa, insoslayable, que prepara un movimiento de mayor alcance. No debe olvidarse que las circunstancias sociales pueden no estar suficientemente maduras (en cuyo caso la resistencia es esencial para acelerar el proceso), o porque no se están empleando los medios adecuados. La autocrítica y la perseverancia son las dos principales armas del resistente.
Recapitulamos:
La Resistencia no tiene ideología ni programa político, sólo el patriotismo y la conciencia clara de la gravedad del momento actual. España y libertad es su consigna y meta. En consecuencia no asume defensas de ninguna ideología, considera que todos los problemas sociales y económicos provienen del saqueo de los separatistas, las satrapías autonómicas y la rapaz oligarquía política. Aspira a restituir a la política la grandeza y la dignidad de lo social, la Política con mayúscula. La Resistencia es patriótica y no puede ser otra cosa.
La Resistencia, no obstante, tiene carácter político y su objetivo es la transformación política exigiendo la eliminación del régimen de la oligarquía expoliadora actual, partitocrática, autonómica y separatista . La Resistencia no tiene como meta volver a alguna situación política anterior sino que persigue la reconstrucción nacional.
La Resistencia como guardiana de la Memoria y los Símbolos de la Nación, el Pueblo, la Cultura y la Historia españolas no admite interpretaciones disidentes, ni la coexistencia de falsas pluralidades, que han actuado como la piqueta con la que el enemigo destruye la Nación. La Resistencia condena y ataca todo intento de manchar las enseñas nacionales con simbología partidista y especialmente la del fascismo, que las utiliza de pantalla para sus políticas, y que tantas veces ha defendido regionalismos y particularidades antiguas que terminaron siendo justificaciones de los nacionalismos disgregadores. Nada hay en nuestra realidad histórica que justifique autonomías ni nacionalismos.
La Resistencia toma de la Historia de España su espíritu pero no tiene como meta la defensa de ninguna institución en particular. Su compromiso es para con la Nación y el Pueblo españoles, su bienestar y su libertad, su pasado y su futuro.
Rechazamos el concepto “nacionalismo español” por inexistente. España no necesitó jamás reafirmarse contra nadie porque su realidad histórica varias veces milenaria es indiscutible, y jamás atendió a otros asuntos que su vida y su religión. Nada debe a la ideología (doctrina) nacionalista cuyo origen está en el romanticismo germánico, de muy reciente aparición (finales del s.XIX, inicios del s.XX). Porque el nacionalismo es la ideología de los que jamás fueron, no son, y no deben ser. De los que inventan naciones que no existieron ni existen. Las naciones no son "datos" de la naturaleza. Por eso los nacionalismos mienten cuando se refieren a sus orígenes, en realidad foráneos, sus efemérides, sus lenguas, y sus símbolos, todos ellos falsos.
La Resistencia es la representante y depositaria de la soberanía nacional hasta la constitución de un verdadero gobierno nacional libre y soberano. Sin autonomías ni localismos.
La Resistencia no aspira a ser la organización de la reconstrucción nacional, pero sí el fermento.
La Resistencia rechaza todo tipo de neutralidad y colaboracionismo laxo o escapista. Los colaboracionistas y traidores son también uno de sus objetivos.
El mínimo común es la radicalidad del enfrentamiento: todo grupo debe, en cada uno de sus actos, atacar a los separatismos, a la aberración autonómica que les sirve, y a la partitocracia tiránica y corrupta que les da cobijo e impulso, y situarse en una posición de claro enfrentamiento y oposición absoluta. Eso es la Resistencia.
Bajo nuestro punto de vista la resistencia debe concebirse como un movimiento, es decir un archipiélago de organizaciones más o menos próximas por haber identificado a un enemigo. Hasta cierto punto es un hecho: a los liberales, antinacionalistas, católicos, izquierda nacional, les diferencia sólo el énfasis que ponen en uno u otro concepto. En este magma se encuentran desde partidos a foros. Consideramos que esta característica puede ser defecto o virtud. Virtud por la extensión en el territorio y la autonomía de acción, pero defecto si la meta no está claramente definida y la actividad no es lo suficientemente beligerante y quirúrgica contra el suicida régimen constitucional actual y los nacionalistas y diverge prestando atención a cuestiones realmente secundarias en esta hora.
Hemos llamado, y seguimos insitiendo en ello, a la unidad de acción. Pero el movimiento y la situación política hasta ahora no han estado dispuestos para ese paso. Seguimos sin mirarnos a la cara.
Otra desviación en que se ha caido ha sido en creer que la salvación podría venir de esos partidillos reformistas o supuestamente regeneracionistas que tratan de hacerse hueco en el sistema. Pretenden que la "regeneración" es posible, pero nunca han explicitado en qué consiste ni cual es su alcance; les hemos visto dar bandazos, pura pose, retórica vacía. En realidad no pretenden la liquidación de éste sistema e insertándose en él no tienen más remedio que parecerse a los que ya están y entrar en la carrera por el voto y la silla (carrera íntimamente vinculada al poder económico), su discurso se superpone, salvo detalles menores, a lo que ya se encuentra en ambos bandos. No obstante sí han representado un mínimo pasito, excesivamente alicorto, pero que ya no da más de sí.
No obstante, esas iniciativas, si bien frustrantes, han arrojado luz sobre lo que no hay que hacer, y nos han mostrado cómo las intrigas políticas mezquinas, siempre relacionadas con los personalismos y ambiciones individuales que se anteponen al objetivo incapaces de sacrificar sus intereses inmediatos, dan al traste con cualquier intento organizativo.
El inevitable enfrentamiento con el sistema implica el enfrentamiento con el "poder", no nos referimos al concepto abstracto, sinó a su realidad fáctica en España, y está constituido por:
La oligarquía política.
La gran banca, el capital financiero.
El "bloque" nacionalista
Estos tres "poderes" son autónomos entre sí, aunque no se trate de una autonomía perfecta pues se dan interacciones ocasionales y cambiantes entre ellos, mientras que el bloque nacionalista coloniza alguna fracción de los dos primeros.
En cuanto al llamado "cuarto poder", los "medios" o mejor, los "perros del poder", no son un poder realmente autónomo, sinó vicario de los anteriores, obediente a la fracción de la que dependen. Invocar medios "independientes" es lo mismo que pedir peras al olmo, o ladrarle al Sol. No existen. Pero los medios ( y sus profesionales) sí que ejercen un poder sobre la población: condicionan la opinión del público con sus ocultaciones, sesgos y manipulaciones (algunos se autodenominan "gestores de la opinión pública" o "gestores del derecho del público a la información", una usurpación más).
La magnitud del enfrentamiento, abrumadora, no debe paralizarnos, los movimientos de resistencia siempre se enfrentaron a desigualdades análogas, su acción es absolutamente necesaria porque el futuro no está determinado y depende de muchos factores, de toda clase de acciones, omisiones, y de giros imprevistos. La Resistencia es imprescindible. Por eso la Resistencia es siempre, siempre, minoritaria, más cuanto mayor sea el esfuerzo en la lucha y los resultados más inciertos.
Sólo un pequeño número de personas se lanzará a la lucha, recibiendo además el rechazo del resto de la población aposentada en el conformismo, la indiferencia o la abierta integración colaboracionista.
La Resistencia será considerada una minoría execrable, un peligro, más en este tiempo de feroz individualismo colectivo y de carencia de valores éticos. En realidad es ejemplo de ciudadanía y fundamento de la Patria. Por lo tanto empieza por la rebelión y concienciación individual y por la voluntad de llevarla a la práctica con lealtad y con la colaboración con otros afines o próximos.
La Resistencia no ofrece gangas ni satisfacciones, sólo sacrificio.